jueves 26 de mayo de 2011

Nuestra Patria


Fue un día gris, desde el amanecer hasta la tarde. Quizá, porque el dolor de Cristina es un dolor que nos alcanza doblemente. Porque se trata de ella, ella es la que sufre, y porque se trata de “Él” (como les molesta al intelectualismo ese “Él”), Él es lo que nos falta, ese hueco, ese vacío que parece no tener final.
Así que el día gris y la llovizna, y a veces el viento, fueron los colores perfectos, para acompañarla y para darnos, por qué no, ese pequeño goce popular del cholulismo. De dar a conocer nuestro amor, de gritar su nombre, de mimar eso que amamos, sin complejos.
Poco saben de amor aquellos que evalúan los comportamientos de las “masas”, aquellos que no tienen escrúpulos de llamar “fascista” a cualquier ser que merezca el calor del pueblo, el amor, y los que subestiman la comunión entre éste y su líder, adjudicándolo a la dádiva, a la ignorancia o a cualquier estrategia de hipnotismo que no pueden explicar. Y lo que no pueden explicar, ni podrán, es el amor. Porque para ellos todo ha de tener una demostración empírica, y si no, es fanatismo.
Las veces que escuché a Cristina, en vivo, he sentido que la historia estaba ocurriendo en ese mismo instante y en ese lugar. Hablo de la transformación inscripta en la historia. Su voz, transparente y tormentosa, que no se permite ocultar emociones, sus alegrías, o como ayer, su inmensa tristeza que también es nuestra tristeza, lo invade todo, lo puebla, acapara toda la atención.
Me sorprendió ver a tanta gente humilde enloquecida cada vez que “algo” hacía referencia a Cristina. El avión aterrizando, el helicóptero o su entrada a la Catedral, provocaron un griterío adolescente. Los quiebres de su voz dolorida y el empuje espontáneo de la gente, como si ese “Vamos Cristina” pudiese levantarla en este duro Vía Crucis (no hablo sólo de la muerte de Néstor). Y después, ella misma, tan rota pero tan entera, atravesando la Plaza de punta a punta, acariciando las manos y recibiendo el calor que sólo el amor puede dar. Escuchar su nombre en miles de bocas, escuchar “te necesitamos”, con tanta necesidad que debe haber adentro suyo.
Luego la crítica, el odio, la envidia brutal. Que “era el día de la patria y habló de su esposo muerto”; que “fue un acto político”; que intenta “captar votos con su dolor”. Los pobres imbéciles envenenados de odio.
Claro que fue un acto político. En este país y así las cosas, todo será política. Desde el 2003, todo es política. Porque los que estuvimos en la Plaza optamos por esta Patria, digna y equitativa. Los que no, seguramente querrán otra Patria, y amargados vapulearán con “las malas relaciones internacionales” o el patético “el mundo se nos ríe de nosotros”. Y si es así, que se nos ría el mundo, que se ría la gloriosa Europa de nuestra “trágica realidad”.
Y en cuanto a que habló mucho de “su esposo muerto”, eso no es cosa menor. Un poco de esta Patria es mérito suyo. La consciencia de Patria es un gran aporte de su tesón, de su emperramiento, de su obstinación. Nunca más adecuado que decir “dio la vida por su Patria y por su Causa”.
Algunos añorarán aquellos viejos festejos, tanto desfile militar, tanta disciplina, tanta arenga de “machos”. Hoy todo es demasiada “Fuerza Bruta”. Dirán que aquéllo era civilización y ésto barbarie.
Un discurso hueco que cae en saco roto. Hace un largo rato que el pueblo ha decidido que el 25 de mayo es mucho más 25 de mayo, y que la Patria es mucho más Patria. Se trata de Amor, un concepto que ellos desconocen.

Imagen: DiarioChaco

1 comentarios:

  1. Se trata de amor y se trata de patria, que es lo mismo. No se puede hablar de patria sin amor. Una cosa define la otra.
    Y hago extensivo el concepto a la política, como bien decís desde un tiempo a esta parte, y por suerte, todo es política.
    Política, aor, patria.
    Que lindo estar viviendo esto, ojalá nos dure, tenemos que esforzarnos y amar mucho para que así sea.

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