Claro que a veces nos parece ver, en Cristina tirando línea en la ONU o en Boudou dando "lecciones" de Economía al mundo, una exagerada dosis de soberbia, una desfachatez, una irreverencia. Y sin embargo, ese rasgo es propio del kirchnerismo. El kirchnerismo es irreverente y por eso, enerva a aquellos que están acostumbrados placenteramente a una verdad cristalizada pero jamás comprobada de que, los que manejan los hilos del mundo son "ellos" y el resto "obedece". Hijos del rigor, la cultura del sometido silencioso ante la voz fuerte del que ordena. El que pone en cuestión la noción de "dios" es un hereje.
Por eso también, ante la manada de mansos obedientes, el kirchnerismo muchas veces a salido herido, solitario, despojado. Porque una multitud siente "vergüenza ajena" cuando Cristina le habla fuerte a los Señores de la ONU o a Obama, o si Boudou se atreve a dar consejos sobre las medidas a tomar, tan diferentes a las propuestas por paradigmas ya perimidos.
Si las cosas estarán bien con el "modelo K" es asunto a verse, pero nada puede quitarnos el sueño de ver un mundo un poco más kirchnerista. Ya sé que Boudou o Cristina no son el Che ni Fidel, pero, paradójicamente, ciertos modelos revolucionarios han terminado encerrados en una pura dialéctica o convalidando dictaduras similares a los que las revoluciones combatían.
Con todas las dificultades. Con todos sus defectos. Con acusaciones que vienen de derecha e izquierda, el kirchnerismo sigue adelante. No ha muerto. Recupera, al fin y al cabo, la bandera central del peronismo: meter el dedo en el culo del poderoso.
Con todas las dificultades. Con todos sus defectos. Con acusaciones que vienen de derecha e izquierda, el kirchnerismo sigue adelante. No ha muerto. Recupera, al fin y al cabo, la bandera central del peronismo: meter el dedo en el culo del poderoso.

Sucede que los K dejaron de lado el lema de "no contrariar al patrón" y como ese "patrón" tiene un montón de capataces por estos lares, cualquier "insolencia" es vista por los vernáculos como manifestación de soberbia y prepoteo. Es como si quisiéramos cambiarle el sabor a una fruta. Sabe a éso y listo, no hay forma de modificarlo. Pero, poco a poco, los tiempos seguirán cambiando.
ResponderSuprimirDe paso, "enervar" no significa "poner nervioso a alguien", sino DEBILITAR, QUITAR FUERZAS.
Abrazo
Tilo, 70 años.